martes, 28 de enero de 2014

Que me quiero llevar

Me quiero llevar el amor de mis chicas, quiero que el recuerdo de nuestros momentos pasados, las sonrisas, el crecimiento, las conversaciones, las sensaciones, los cariños.
Las tardes en la playa, los paseos en auto, los besos, las miradas, las lágrimas.
Las risas, los logros, los fracasos, los aprendizajes.

Quiero llevarme todo eso, para que si las llego a encontrar en otra vida o en otra dimensión no me queden dudas de que son ellas.

viernes, 24 de enero de 2014

El Ladrón

Sábado por la mañana, una mañana templada que nos daba la sensación de un día agradable. Esa mañana no nos habíamos levantado ni tarde ni temprano, el horario justo para aprovechar el día. Nos dedicamos a ordenar la casa, a lavarnos los dientes y la cara, para proceder a la preparación del desayuno mientras planificábamos las actividades siguiente, si paseo, juegos o solo ocio en casa.
Enciendo la radio para seguir en la misma sintonía de buen clima de esa mañana y lo primero que escuchamos es que había saqueos por toda la ciudad y alrededores. Con mi señora nos pusimos en guardia y de inmediato miramos si estaban las puertas y ventanas aún cerradas. Afortunadamente ni las nenas ni nosotros habíamos salido al patio. Nos dispusimos a revisar cada una de las cerraduras y posibles medios de entrada a la casa. Revisamos la puerta del fondo que estaba con llaves pero para mejorar la seguridad le pusimos unos fierros que teníamos y que utilizábamos cuando nos íbamos de vacaciones que tenían la función de trabar la puerta aún más en tres puntos de la misma en forma horizontal, lo que lo hacía prácticamente inviolable. Revisamos las ventanas aunque todas estaban con rejas amuralladas lo que nos daba cierta tranquilidad ya que para sacarlas o abrirlas había que utilizar herramientas y mucho trabajo. La última puerta era la que daba al frente, tenía dos cerrojos y una traba simple. Nos aseguramos de que todo estuviera en orden.
Después de esta rápida y detallada revisión nos reunimos los cuatro en el living que estaba cerca de la puerta de salida a esperar mientras escuchábamos la radio en silencio. Tal como el silencio que precede a una tormenta no se escuchaba nada fuera de la casa, parecía que hasta los pájaros estuvieran expectantes y con cierto temor.
No acabábamos de reaccionar ante la noticia que por la ventana que estaba a la izquierda de la habitación vimos una sombra pasar. La seguimos con la mirada, dio la vuelta a la esquina de nuestra casa y pasó por la ventana que da al frente de la casa. La sombra desapareció y hubo más silencio, tuvimos la esperanza de que hubiera pasado de largo pero a los dos minutos escuchamos ruidos en la puerta, estaban intentando abrirla.
El corazón casi se me paralizó, temí por mis chicas, intenté reaccionar rápidamente pero no alcancé ni siquiera a llegar a la cocina con la idea de buscar un cuchillo que la puerta del frente se abrió de par en par. Parado justo en el marco de la puerta había un hombre, de contextura mediana que nos miró uno por uno y nos dijo:
-          Buenos días, disculpen la molestia pero necesito algunas cosas que les voy a robar.
Mi reacción fue la de atacarlo pero quedé estupefacto ante la rapidez con que abrió la puerta ya que tuvo que abrir dos cerraduras y un pestillo al que no tenía acceso (supuestamente) así que le dije:
-          Buenos días… - hice una pausa prolongada y le pregunté sin vueltas - ¿cómo hizo para abrir tan rápido la puerta?
-          ¡Ja! – rió el descarado – me dedico a esto, venga que le muestro y le cuento.
Así que me hizo cerrar la puerta tal como estaba originalmente y la volvió a abrir. Hasta vi como un alambre que parecía que tuviera movimiento propio corría el pestillo.
-          Venga que le muestro como se hace.
Así nos pasamos como media hora entretenidos todos en una clase de apertura de puertas. Cuando terminó me dijo:
-          No va a pretender hacer esto usted solo, esto requiere mucha práctica y algunos otros secretos que no le conté, pero bueno, basta de cháchara y a lo nuestro, después de todo vine a robarle.
-          Que se le va a hacer – respondí - ¿qué se quiere llevar?
-          Cosas específicas, el televisor que está allí, la computadora portátil no porque es un tema con las claves y el resto – estaba pensando en voz alta – mmm… y las sillas esas que se ven muy bonitas.
Entonces tomó el televisor y lo llevó a un auto que tenía estacionado a 20 metros de la entrada de nuestra casa. Como vi que necesitaba ayuda le llevé dos sillas, mi señora llevó la otra y la restante la vino a buscar él.
Intentamos meter juntos las sillas en el baúl del auto pero era imposible, no entraban.
Entonces mi señora entró en escena y nos empezó a dar indicaciones de cómo meter las sillas y milagrosamente (al menos para mí) entraron perfectamente.
Nos dio las gracias, nos saludamos mutuamente, subió a su auto y se fue.
Al final nos quedamos con una sensación de haber ayudado, sensación bastante extraña pero reconfortante. No fue tan malo que nos hubieran robado.

Volvimos a casa, cerramos la puerta nuevamente porque no sabíamos si no aparecería algún otro ladrón un poco más violento y nos pusimos a jugar al ludo para pasar el tiempo.

miércoles, 22 de enero de 2014

Para comenzar

Después de mucho escribir (y mucho desechar), gracias a la inspiración de Romi (mi esposa, mi amor, mi salvadora) tomé coraje y armé este blog en el cual voy a ir poniendo algunas cosas que he escrito a riesgo de que no se respeten mis derechos de autor y a riesgo de que no tenga la calidad que cada lector pueda esperar.
No soy buen crítico de mi obra o de mis palabras, o soy demasiado exigente, o simplemente no consigo aceptar mi obra como una obra, pero más allá de esto es un paso importante para alguien que ama la literatura como yo la amo.
Espero que todo aquel que lea mis palabras pueda disfrutarlo y me de sus comentarios, así también como si no ha sido de su agrado también se anime a expresar su opinión.
Gracias a quien corresponda.
Raúl Sotelo.